De ahora en más hasta los partidos de derecha descubrirán la injusticia y la pobreza por todos lados. Los consultores del parche en el ojo se lamentarán de que no se distribuya equitativamente la riqueza. Se escandalizarán recién ahora de que los ricos reciban los subsidios de los pobres. Se dieron cuenta después de disfrutarlos toda la vida. El rabino Bergman, el cardenal Bergoglio, la Federación de contries y barrios privados, y la Banca Morgan se espantarán del aumento de la miseria. Va a haber muchas estadísticas de desdicha argentina, y se van a difundir porcentajes de cómo decae nuestra calidad de vida comparada a la de Afganistán y Somalía.
Habrá alarmas de desabastecimiento de gas y de energía; y si no pasa nada, y sobran el gas y la energía, igual habrá alarma por las dudas. El Riachuelo contaminará como nunca. Castells se hará ganadero. Y la marca Vuitton aclarará que no es responsable de la conducta moral de sus usuarias. El gobierno deberá rogar de rodillas al espíritu santo que ningún avión de Aerolíneas Argentinas tenga ni siquiera un aterrizaje forzozo; y rogar todavía más para que el piloto Pineyro no encuentre una sola falla en los radares.
Cada vez que apuñalen a alguien habrá paros del gremio del apuñalado para que nunca más haya apuñalados de ningún gremio; y para que metan a todos los apuñaladores presos y no nazcan más asesinos que apuñalen. La culpa es no haber abolido el puñal y el asesinato. Y no abolir las ganas de asesinar en los sueños. Lo que sí se abolirá es toda buena noticia mientras siga este Gobierno. La Opinión Pública no quiere oírlas ni saberlas.
Autor: Orlando Barone







