miércoles, 20 de agosto de 2008

La insoportable levedad de la oposición “progresista”


Les dejo un artículo interesante acerca de la triste oposición de nuestro país. Les recomiendo leerlo lentamente.

Nacieron como referentes mediáticos y no tienen otro ámbito de acción política más que el estudio televisivo o las declaraciones altisonantes en radio. Hablan (o denuncian) desde un lugar donde las palabras vuelan por el aire sin necesidad de anclaje alguno en la realidad. Se colocan siempre más allá de todo y de todos, y desde allí ponen en duda el comportamiento de aquellos que no están de su lado o no coinciden con sus críticas, siempre terminantes y apocalípticas. Son jueces implacables de la catadura moral y la pureza curricular de todo el mundo. Creen que un país se empieza a construir de golpe, con funcionarios transparentes, castos y puros. Todo lo que no les suene a absoluta y totalmente desinteresado, virginal e ingenuo, lo transforman automáticamente en pecaminoso, condenable y motivo de sospechas inapelables. Se creen cultos pero no saben de historia. Por dar un ejemplo entre miles: no saben que después de Caseros el país se pudo seguir construyendo (a los tumbos, sí) pero gracias al sostén de los vituperados y condenados caudillos rosistas. No saben de historia, o se empecinan en no entenderla o la interpretan para el lado de los tomates.

Por su origen y por el espacio de ideas que dicen ocupar, bien podrían convertirse en una usina de propuestas alternativas o complementarias. Pero no. Se empecinan en apelar a un estilo confrontativo de dudoso provecho para el debate político hasta convertirse en dueños de espacios testimoniales o de obstrucción parlamentaria que no superan los márgenes de la política. En algunos casos, ni siquiera pueden mostrar cómo sería un gobierno suyo en un distrito importante porque nunca han apuntado a la gestión, y no parecen tener intenciones de hacerlo. Se sienten mejor en su rol de opositores permanentes, de puristas abstractos que evitan cualquier tipo de compromiso con la coyuntura más acuciante. Pareciese como si la experiencia de la Alianza, de la que formaron parte en su mayoría, los hubiese dejado traumados.

Se dicen progresistas y hablan una y otra vez de la importancia de contar con instituciones consolidadas, pero encabezan partidos autocráticos que distan mucho de ser una fuerza política orgánica, con cuadros en ascenso, debate interno, una identidad clara o presencia creciente en el resto del país. Se dicen progresistas y hablan de república, pero reproducen los mohines de quienes más mancillaron la República. Se dicen progresistas y hablan de inclusión social, pero terminan haciéndoles el juego a los sectores más conservadores y reaccionarios, esos que nunca van a permitir un país justo y para todos. Y ahí están, repitiendo cíclicamente su historia.

Autor: Braga Menéndez

3 comentarios:

Gladys dijo...

Una síntesis clarísima de nuestra oposición, lamentable por cierto,
mirá si como dice el artículo fueran capaces -bueno, ni siquiera sé si tienen la intención- de "convertirse en una usina de propuestas complementarias" al proyecto oficial, no fortalecería eso la República y las instituciones con las que tanto se llenan la boca?,
o entenderan que las instituciones son mejores si en vez de confrontar cualquier proyecto oficial con otro mejor, superador intentan solo demostrar que lo que hace o quiere hacer el gobierno está mal o es malo.

eduardo dijo...

Gladys,el mejor ejemplo ha sido el tema Aerolíneas ..Hicieron cámara durante una semana ,sin proyecto alternativo...Cómo habrá sido esa pobreza,que el combo de Lozano debió cruzar la calle ..para no inundarse....

MONA dijo...

Lo importante es que se está llevando adelante un modelo económico industrial, que tiende al desarrollo de todos los sectores de la economía, y así, se está creciendo en la dirección de la distribución de las riquezas producidas y vendidas dentro y fuera del país, a través del aumento del empleo, el aumento de la actividad económica interna del país y los derechos de exportación (uno de ellos son las retenciones). Ha cambiado el modelo, y con él, la concepción del Estado: un Estado presente para conducir el equilibrio de la estructura economía que distribuye la riqueza.
Estos propósitos son los que consolidan las instituciones.
Tarde o temprano los argentinos mismos nos vamos a permitir tener un País para todos.